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ománico es el estilo arquitectónico y artístico predominante en la Europa occidental cristiana de los siglos XI, XII y primera mitad del XIII.

A comienzos del segundo milenio, Europa occidental vive un período de auge económico y de crecimiento demográfico gracias a una cierta estabilidad y cohesión de los reinos cristianos. La agricultura y el comercio sufren una notable expansión, y las ciudades prosperan con la aparición de ferias y escuelas que atraen a mercaderes y estudiantes de diferentes procedencias. Al mismo tiempo, las órdenes monásticas benedictinas de Cluny y del Cister se expanden, fundando nuevos monasterios, y aparece el fenómeno de las peregrinaciones a los lugares santos. En España, la reconquista de territorios a los reinos musulmanes conlleva un movimiento repoblador creciente, que desplaza gentes de otras zonas de la península y del reino franco.

Todas estas circunstancias dan origen a un flujo constante de personas, que favorece el intercambio de ideas y la difusión del Románico entre los territorios cristianos. Sobre unos esquemas comunes, cada uno de ellos aporta al nuevo estilo sus propias particularidades.

Se vive una época de efervescencia constructiva, cuyo origen es una profunda fe y un momento económico y social expansivo. Antiguas iglesias son sustituidas por otras que incorporan las nuevas técnicas y se levantan por todas partes otras de nueva planta. También se construyen obras civiles, como hostelerías monacales para peregrinos, hospitales y puentes, todo ello favorecido por el aumento de mano de obra especializada y el progreso de las técnicas constructivas y artísticas.

El Primer Románico

l historiador Joan Puig y Cadafalch se dio cuenta de que entre las iglesias de la segunda mitad del siglo X se encontraban referencias estéticas asimilables al románico. Estas consistían en diferentes elementos en los paramentos murales, como fajas y arcos en resalte, aislados o combinados en grandes arcadas, bandas lombardas, y estructuras abovedadas.

Fundamentalmente, las iglesias son de planta rectangular, con una nave y ábside semicircular abovedado, o de tres naves con igual número de ábsides semicirculares, el central más ancho, también abovedados.

En algunos casos, incorporan un largo transepto, también llamado nave crucero, al que se adosan un conjunto de pequeños ábsides.

En otros, presentan una primera aproximación a las girolas, que dan acceso a pequeñas capillas radiales. Se construye la fachada con una o dos torres y, en edificios monumentales, se incorpora una torre al crucero.

De las iglesias otonianas, se sigue utilizando la cripta, bajo la cabecera del templo, como alojamiento de las reliquias.

Surge con seguridad en la zona de Borgoña, a raíz de la fundación del monasterio cisterciense de Cluny. Otras zonas de influencia son las de Lombardía y el Sacro Imperio Romano, donde había proliferado la arquitectura otoniana. En Cataluña encontramos iglesias de este período, de influencia lombarda.

El Románico pleno

finales del siglo XI y primer cuarto del XII, se producen importantes avances en el ámbito de la arquitectura y la decoración.

Hasta ese momento, se venía utilizando la madera en la cubierta de la nave central, lo cual suponía, entre otros inconvenientes, un alto riesgo de incendio y que la anchura de esta se viera limitada por la longitud de las vigas disponibles. La generalización en el uso de la bóveda de cañón solventa los anteriores problemas y ocasiona un incremento en la anchura de los muros, para contrarrestar los empujes laterales de estas estructuras. Esto conlleva que, en muchos casos, se prescinda de las ventanas o se reduzca considerablemente su tamaño, sumiendo en la penumbra la parte superior de la nave. Los templos románicos adquieren así ese aspecto característico en términos de iluminación y proporciones. En otros casos, los muros se articulan con arcos y columnas o pilares, frecuentemente de sección cruciforme, que separan la nave central de las laterales, permitiendo una mejor iluminación.

El arco característico del románico, hasta finales del siglo XI, era el de medio punto. En este momento, se introduce el arco apuntado, que aventaja al anterior en que ejerce menos presión sobre los muros.

Las bóvedas se refuerzan con arcos fajones, también llamados perpiaños, que se apoyan en columnas adosadas a los pilares. En las naves laterales, se introduce la bóveda de arista, y se articulan en secciones cuadradas. Para reforzar el edificio, neutralizando los empujes de los arcos y las bóvedas, se disponen contrafuertes en los muros exteriores.

En algunos casos, se cubre el crucero mediante una cúpula sostenida sobre pechinas o trompas.

Algunos edificios ganan altura incorporando tribunas sobre las naves laterales, que sirven para separar a los fieles -nobles, mujeres, etc.- en unos casos, como albergue provisional o ampliación del espacio en días solemnes, en otros.

La fachada principal se caracteriza por su rica decoración: junto a pórticos y claustros, se cubren de imaginería y conforman los llamados Ciclos Históricos, pudiendo incorporar una, dos e incluso tres torres en base a su importancia y monumentalidad.

A mediados del siglo XII, surgen dos corrientes contrapuestas: una más austera, impulsada por las órdenes monásticas reformadoras -principalmente, las órdenes de Cluny y del Cister-, y otra más preocupada por el poder y la riqueza temporal, impulsada por abades y obispos, que acabaría dando lugar al estilo Gótico.

Un tipo de templo modélico es la llamada Iglesia de Peregrinación: cuenta con tres o cinco naves y transepto de igual estructura que la nave principal; los brazos de la cruz se rematan en fachadas torreadas con portadas monumentales; la cabecera se dispone en una girola con capillas radiales; la nave central se cubre con bóveda de cañón y las laterales con bóvedas de arista, sobre las que se disponen las tribunas; la luz, tamizada por vidrieras, ilumina la nave central a través de las naves laterales y tribunas; los muros y techos se decoran con pinturas.

Decoración

l arte en el Románico cumple una función pedagógica y posee vocación narrativa: plasmar en imágenes unos textos sagrados cuya lectura estaba al alcance de muy pocos, de las que extraer unas enseñanzas. Para ello, se pretende provocar un placer estético como instrumento que dispone al ser humano al aprendizaje; en otras palabras, mediante formas artísticas bellas, quiere cautivar la atención de quienes las miran y contribuir a la difusión de las ideas contenidas en las Escrituras y la tradición de la Iglesia.

La temática de las obras de arte es fundamentalmente religiosa: el Apocalipsis de San Juan, el Antiguo Testamento, Los Evangelios, las vidas de los Santos, etc.

La escultura deja de ser un elemento fundamentalmente ornamental y adquiere carácter narrativo, principalmente en fachadas, pórticos y claustros.

Las primeras muestras de escultura románica datan del primer cuarto del siglo XI. Las prácticas escultóricas se habían abandonado en los siglos anteriores y los maestros canteros se sirven de las técnicas de los broncistas y orfebres para desarrollar esculturas de relieve plano sobre fondo uniforme. Con el tiempo, comienzan a redondearse las esculturas, abandonando en parte el carácter gráfico que tenían.

En la talla, la madera es el material más utilizado. Se tallan imágenes de carácter devoto y mobiliario litúrgico. Las tallas, como la escultura en piedra, se decoran con un acabado polícromo y, en ocasiones, cuando es económicamente posible, con metales y piedras preciosas. También se puede encontrar imágenes completamente recubiertas de metal.

Resurge la pintura mural -frescos en muros y techos-: los templos, por lo general, están profusamente decorados con pinturas figurativas que cubren todo el espacio interior, dando una sensación de continuidad e integración con la policromía decorativa de la arquitectura. Las figuras son planas y alargadas, carentes de toda perspectiva, y componen una representación simbólica y abstracta de las realidades trascendentes de la Iglesia.

En los siglos XII y XIII, en Bizancio y en algunas zonas de influencia bizantina de la Italia meridional, se utiliza el mosaico mural, que es heredero en su técnica de la antigüedad.

La pintura sobre tabla, se emplea, fundamentalmente, en el frontal de altar, también llamado antipendio. En las comunidades ricas, el antipendio se hace en mármol o con tablas de madera recubiertas de metales preciosos; pero en comunidades más humildes, son tablas talladas y pintadas, o simplemente pintadas.

Los retablos no son muy frecuentes en el Románico.

En cuanto a la orfebrería, especialmente en zonas de influencia otoniana y carolingia, se trabaja los bronces, el marfil, y los metales preciosos (oro y plata).

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