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Animales fabulosos en el Arte Románico

Basilisco

En la antigüedad

as personas de la antigüedad creían en la existencia de extrañas criaturas que poseían cualidades fantásticas y habitaban lugares recónditos.

Grifos, Centauros, Arpías, Esfinges, aves Fénix, entre muchos otros, formaban parte del imaginario mitológico colectivo del mundo grecorromano, y así nos lo han transmitido en sus creaciones literarias y artísticas.

En la Odisea, por ejemplo, aparecen las Sirenas, criaturas híbridas de mujer y pájaro, que encantan a cuantos hombres van a encontrarlas. Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y escucha su voz, ya no vuelve a ver a su esposa ni a sus hijos pequeñuelos rodeándole, llenos de júbilo, cuando torna a su hogar, sino que las Sirenas le hechizan con su canto. Están sentadas en una pradera y tienen a su alrededor enorme montón de huesos de hombres putrefactos, cuya piel se va consumiendo (la Odisea, Canto XII).

El Fisiólogo

Sirena-ave

acia el siglo II después de Cristo, un libro escrito supuestamente en Alejandría en lengua griega llamado Fisiólogo, constituía una recopilación de descripciones de animales conocidos y de criaturas fabulosas de cuya existencia no se dudaba. Con estas descripciones -características físicas y atribuciones-, debidamente adaptadas, se pretendía ilustrar de manera alegórica diferentes aspectos de la vida Cristiana.

Este libro se inspiraba en las fuentes clásicas grecorromanas y en la Biblia.

Así, por ejemplo, de las Sirenas el Fisiólogo nos cuenta que son unas criaturas mortíferas constituidas como seres humanos desde la cabeza hasta el ombligo, mientras que su parte inferior, hasta los pies, es alada. Melodiosamente, interpretan cantos que resultan deliciosos; así, encantan los oídos de los marinos, y los atraen. Excitan el oído de estos pobres diablos merced a la prodigiosa dulzura de su ritmo, y hacen que se duerman. Por último, cuando ven que los marinos están profundamente dormidos, se arrojan sobre ellos y los despedazan.

Para el moralista de la época, el ser humano, como el navegante, corre el peligro de verse seducido por hermosos cánticos de Sirena cuando se siente atraído y cautivado por los placeres, la ostentación y demás aspectos licenciosos de la vida, viéndose precipitado a la perdición del alma.

Los Bestiarios medievales

Anfisbena

os Bestiarios son los compendios medievales de animales y plantas, inspirados fundamentalmente en el Fisiólogo, que incluyen descripciones, ilustraciones y, frecuentemente, lecciones moralizantes acordes con las creencias del cristianismo.

Se pensaba que los animales habían sido creados por Dios con un fin determinado y, en este sentido, se encontraban significados a su apariencia y comportamiento, que servían para ilustrar de manera simbólica unas enseñanzas. Así, por ejemplo, del dragón se decía que cuando tenía sed vomitaba primero su propio veneno para luego ir a beber con seguridad de una fuente de agua limpia y pura; del mismo modo, el cristiano debía confesarse antes de ir a la iglesia a escuchar la palabra de Dios, para hacerlo limpio de todo pecado.

Animales fabulosos en el Románico

n la Edad Media el común de la población era pobre e ignorante y no tenía acceso ni podía leer los textos sagrados. Las enseñanzas de los clérigos se veían reforzadas por las esculturas y frescos que los artistas esculpían o pintaban en los templos. Nada se descuidaba: la ubicación -los encontramos en capiteles, tímpanos, canecillos, metopas, etc.- y los motivos representados respondían a una idea perfectamente planificada para transmitir un mensaje de la forma más adecuada y directa. Unas veces eran escenas amables de las Escrituras Sagradas y, otras, representaciones terribles de los peligros que corría el creyente si se desviaba de las líneas marcadas por la Iglesia; y en esto jugaba un papel importante la representación de los animales que aparecían en los Bestiarios.

Veamos algunos de esos animales fabulosos que podemos encontrar en los Bestiarios y en las representaciones artísticas del Románico.

El Grifo

San Vicente de Serrapio.
Aller, Asturias.

Podemos encontrar referencias a este animal en la antigua Mesopotamia y en el Egipto de los Faraones.

En la tradición grecorromana, era un animal híbrido de león y águila. Tenía cuatro patas -en los Bestiarios medievales, las traseras eran de león y las delanteras de águila- y poseía alas y cabeza de águila. Habitaba lugares lejanos e inhóspitos.

En la Edad Media, algunos lo asociaban con el oro y las piedras preciosas, de los que era guardián y, por tanto, con el pecado de la avaricia; también con el diablo. En sentido contrario, también simbolizaba la vigilancia y, por tanto, era el guardián del Templo; en otras ocasiones, representaba al Cristo de la resurrección.

La Sirena

San Esteban de Ciaño.
Langreo, Asturias.

En base a su morfología, podemos encontrar dos tipos de sirena:

  1. La Sirena-ave:
    • Ave con rostro humano.
    • Ave con rostro humano y cola de serpiente.
  2. La Sirena-pez: cuerpo, cabeza y torso humano y cola de pez.

La Sirena-ave puede confundirse con la Arpía; como en la Biblia no se hace alusión a esta última, hay quien considera que las representaciones encontradas en el arte Románico corresponden en exclusiva a Sirenas.

Servían de ejemplo para enseñar a los fieles a encontrar el verdadero camino. Representaban la seducción y las tentaciones, que distraían a los hombres de sus verdaderos propósitos.

El Basilisco

San Vicente de Serrapio.
Aller, Asturias.

Esta criatura se describía en la Edad Medía como un ser con cabeza de gallo (cresta y carúncula), cuerpo de serpiente, dos patas (a veces cuatro o más) y alas de murciélago. Se creía que nacía de un huevo puesto por un gallo viejo.

Nos lo describen con las siguientes facultades: arrasa cuanto encuentra a su paso con su terrorífico silbido, su mirada venenosa, el aliento ponzoñoso o con el simple contacto; vamos, que era un perfecto campeón del caos y la desolación.

Se utilizaba, entre otros, para simbolizar el pecado, la muerte y al diablo

El Onocentauro

San Juan de Amandi.
Villaviciosa, Asturias.

Criatura híbrida, su parte delantera es de hombre hasta la cintura y el resto de asno -el prefijo ono procede del griego onos, que significa asno-. Cuando la parte posterior es la de un caballo se le llama Centauro.

San Isidoro afirmaba que el hombre merece ser llamado hombre cuando dice la verdad, y representa al asno cuando se comporta de forma ruin.

Por su naturaleza dual, animal y humana, representa al hombre estúpido y falso, de doble palabra, que por delante dice una cosa y por detrás hace la contraría.

La Anfisbena

San Pedro de Villanueba.
Cangas de Onís, Asturias.

Se creía que era un reptil maléfico parecido a la serpiente pero con dos cabezas, una en cada extremo. Algunas veces se la representaba con dos patas, alas y cuernos.

Entre otras facultades, se decía que podía volverse a unir si era cortada en dos; era venenosa; cada cabeza podía realizar simultáneamente tareas distintas; podía moverse velozmente y en un sentido u otro; unidas sus cabezas, sujetas por las mandíbulas, podía formar un aro y rodar en cualquier dirección; al contrario del resto de reptiles, era de sangre caliente.

De la existencia de este tipo de serpiente no se tuvo duda hasta entrado el siglo XVII.

Arte

Románico

Bibliografía